domingo, 11 de septiembre de 2011
El lado oscuro de Ghandi
Hola, Lena.
Soy una perfeccionista, lo sabes; no logro entender el mal, la imperfección... Lo que te envío hoy son unos atisbos realizados de madrugada, que los disfrutes.
La medida que separa la utopía de su realización práctica, la santidad de las flaquezas humanas, el ideal platónico -el mundo perfecto de las ideas-, la belleza de las estatuas y de las imágenes de portada de las revistas frente a nuestra realidad física perecedera, impermanente; la distancia que separa el anhelo de infinito de la finitud que trae la muerte. En esa distancia, en esa medida, en la grieta de las contradicciones es donde reside la fuerza y la grandeza del ser humano.
La distancia entre lo que predicamos y lo que practicamos. Ángela hablando de originalidad y aportación personal y única de cada uno censura el que yo no asista a uno de sus actos. El lado oscuro de Ghandi.
Esa contradicción no debe desanimarte. No es la prueba de que el ser humano está irremediablemente perdido, de que sus esfuerzos son inútiles, de que no conseguirá nunca llegar a la meta de su realización plena.
Hay algo ahí que no logro ver con claridad. Intuyo que ahí radica su fuerza, su originalidad. Para mí es parte de su humanidad, como si esa misma imperfección fuera un emblema, una cualidad humana de donde sacamos nuestros mejores hechos. Me hace sentir cercanía, hermandad. Me aleja de los dioses y de las estatuas.
Vivimos en un cenagal y cultivamos piedras preciosas. Es nuestra aportación al universo.
La raza humana, el valor de la caída, de la superación del pecado, de la limitación. Porque, entonces, surge el amor, la compasión, Dios.
Soy una perfeccionista, lo sabes; no logro entender el mal, la imperfección... Lo que te envío hoy son unos atisbos realizados de madrugada, que los disfrutes.
La medida que separa la utopía de su realización práctica, la santidad de las flaquezas humanas, el ideal platónico -el mundo perfecto de las ideas-, la belleza de las estatuas y de las imágenes de portada de las revistas frente a nuestra realidad física perecedera, impermanente; la distancia que separa el anhelo de infinito de la finitud que trae la muerte. En esa distancia, en esa medida, en la grieta de las contradicciones es donde reside la fuerza y la grandeza del ser humano.
La distancia entre lo que predicamos y lo que practicamos. Ángela hablando de originalidad y aportación personal y única de cada uno censura el que yo no asista a uno de sus actos. El lado oscuro de Ghandi.
Esa contradicción no debe desanimarte. No es la prueba de que el ser humano está irremediablemente perdido, de que sus esfuerzos son inútiles, de que no conseguirá nunca llegar a la meta de su realización plena.
Hay algo ahí que no logro ver con claridad. Intuyo que ahí radica su fuerza, su originalidad. Para mí es parte de su humanidad, como si esa misma imperfección fuera un emblema, una cualidad humana de donde sacamos nuestros mejores hechos. Me hace sentir cercanía, hermandad. Me aleja de los dioses y de las estatuas.
Vivimos en un cenagal y cultivamos piedras preciosas. Es nuestra aportación al universo.
La raza humana, el valor de la caída, de la superación del pecado, de la limitación. Porque, entonces, surge el amor, la compasión, Dios.
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