domingo, 11 de noviembre de 2012

Pésames


Mi tía Tere, tras la muerte de su marido, eligió una estrella, lo situó allí y todas las noches habla con él.
En nuestro particular universo, a medida que nuestro mapa terrestre va despoblándose de figuras familiares, el número de estrellas con nombre propio va aumentando en el firmamento.
Hace poco surgió una nueva estrella llamada Joserra y nosotros nos quedamos sin la tranquila presencia de mi cuñado. Mi hermana ha estado sumergida en los ritos propios de la muerte de un ser querido. Funeral, entierro, condolencias, abrazos, recuerdos…
Hemos decidido transcribir un listado de frases, al más puro estilo Carandell, entresacadas de lo que hemos oído en estos días.
Hubo quien, al conocer la noticia por boca de mi hermana, le dijo mirándole fijamente:
-Vaya disgusto que me das. No me lo puedo ni creer. ¡Desde luego! ¡Me has dejado hecho polvo!
También estuvo el despistado que le preguntó:
-Oye, ¿qué relación tienes con la que apareció en una esquela el otro día?
Hay quien se apena más que la propia interesada y se queda mirando a mi hermana como esperando que sea ella la que le consuele: “¡Qué pena, verdad, qué triste! ¡Era tan joven!”
Dentro del apartado de recomendaciones para superar el duelo se dieron también varios tipos:
a)    Aquellos que le hablan de los beneficios de la ayuda profesional y poco menos que le acompañan a la puerta del psicólogo.
b)    Alguna le sugirió  “ni se te ocurra dejar de beber tus cervecitas” incitándole a buscar consuelo en la bebida.
c)    Una mujer ya mayor lo solucionó drásticamente con un “¡Búscate a otro!”

Hubo más. Son días de acercamientos, confidencias, abrazos y besos. Mi hermana acabó con urticaria en una mejilla, no sabemos si por la falta de afeitado de algunos hombres o el efecto alérgico de algún perfume.
Sabemos que todo ha sido con la mejor intención, mi hermana lo agradece. Pero estos días de tristeza y de ausencia nos permitimos reír recordando las pequeñas humanidades de los que nos acompañan.

sábado, 4 de febrero de 2012

Solo el amor 2

Hola Lena:
Te escribo desde otra isla. Vine para juntarme con unos amigo y, la verdad, la reunión fue muy interesante y fructífera.
Hoy he estado dándole vueltas a aspectos que conversamos ayer.
Por ejemplo, comentamos que somos un continuo de energía, de partículas, sin limites precisos. Esta realidad no la percibimos. Cuando esas partículas se amontonan, la energía se hace más densa, percibimos la materia.
Algo parecido creo yo que sucede en las relaciones. percibimos el poder, cuando las "partículas relacionales" se intensifican, se hacen más densas.
pero el amor son justamente las partículas fluyendo libres, más difícil de apreciar, pero el componente más habitual en nuestras relaciones, la salsa del guiso, el líquido de la sopa, lo que impregna todo.
Hoy, recordando la reunión de ayer he visto nuestros límites, nuestras torpezas.
Mi manera de expresarme, contundente, algo brusca, apasionada; en realidad soy como un caracolillo marino que sale de su concha y monta un espectáculo de ferocidad para aparentar ser más fuerte y que no le devoren.
La manera de expresarse de otra amiga, como diciendo, ¡quiéreme! ¡quíéreme!
veo esas torpezas y veo el impulso a expresarse, a comunicar, a pesar de tanto miedo y tanto condicionamiento. Veo la grandeza del ser humano. Ese ser de piel desnuda, temeroso de ser lastimado y capaz de generar la salsa, el líquido, el amor; aquello que no se ve pero que nos envuelve.
Quizás no parece tan potente y con tanta capacidad de cambio como el poder, pero es absolutamente transformador, la piedra filosofal que convierte en oro el barro de nuestros límites.

domingo, 29 de enero de 2012

Solo el amor alumbra lo que perdura

Querida Lena:
Hoy me he levantado pensando que, quizás, nuestras debilidades, nuestros límites, nuestras partes oscuras tengan como propósito el desarrollar el amor, la comprensión y la aceptación de eso que no nos gusta.
Al fin y al cabo, solo el  amor alumbra lo que perdura, solo el amor convierte en milagro el barro

sábado, 21 de enero de 2012

...pues el delito mayor del hombre es haber nacido

Querida Lena:
Hoy me he despertado como la viejilla 
que estoy empezando a ser, con dolores en las articulaciones y en el alma.
Muchas veces, en muchas actividades, en grandes áreas de mi vida siento un malestar incesante, como un ruido de fondo que permanece constante.
No ahora, cuando escribo esto. Ahora me siento ligera, relajada y feliz.
Pero volviendo a esta mañana, tuve una imagen clarísima de mí misma. Me veía como un caballo cuyo jinete es la culpa. La culpa me espolea, me dirige, tira de las riendas. Yo corro a galope tendido, tratando de alcanzar algo que me libere de tan molesto jinete, pero es él quien dirige, nunca me conducirá a desembarazarme de él. Delante de mis ojos, a modo de señuelo, llevo un trapo amarrado a un palo. Se mantiene invariable a la misma distancia, por más que corra nunca lo podré alcanzar. Es una trampa para mantenerme corriendo.
El trapo es la perfección, el éxito, todo lo que quiero hacer bien para escapar de la culpa.
Paso de imagen, de diapositiva.
En la siguiente aparece un Dios tonante, señor todopoderoso con el triángulo en la cabeza, el ojo que todo lo ve, que vigila todo lo que hago y lo pesa en la balanza. Casi siempre el platillo se inclina hacia la M de mal..
Yo soy mujer. Dentro llevo esta imagen masculina del poder, del juez, del creador de culpa. Pero la culpa, el jinete, puede disfrazarse. Puede aparecer con el aspecto y la voz de Carlos o de cualquier compañera de trabajo. El canal para que aparezca está abierto, tiene una autopista formada en mis conexiones neuronales.
Soy mujer, también tengo una diapositiva de la diosa, de la madre que invalida, que me dice constantemente: tú no vales, nada de lo que haces sirve, no deberías haber nacido.
La siguiente diapositiva es la consecuencia: me duele profundamente. Se ve una huerfanita llorando, abandonada, viviendo una situación injusta.
Luego aparece otra imagen: la reacción. La rabia, Kali la negra. Mataría a la culpa, al jinete, a Dios; me dañaría a mí misma, al caballo, para liberarme. Rabia, odio, destrucción.
Ninguna de estas imágenes me libera, me produce bienestar.
Todas son mi herencia.
Cargo con ellas, pero no me siento atada inexorablemente a ellas. Siento que en esta partida, puedo jugarlas o no. Siento que puedo elegir.
Apago el proyector. No quiero más imágenes ni más teorías. Solo hago conectar con lo que vivo.
Atravieso la puerta, saludo, estoy bien.

…….
qué delito cometí   
contra vosotros naciendo;   
aunque si nací, ya entiendo   
qué delito he cometido.   
Bastante causa ha tenido   
vuestra justicia y rigor;   
pues el delito mayor   
del hombre es haber nacido.
Calderón de la Barca - La vida es sueño