Mi tía Tere, tras la
muerte de su marido, eligió una estrella, lo situó allí y todas las noches
habla con él.
En nuestro particular
universo, a medida que nuestro mapa terrestre va despoblándose de figuras
familiares, el número de estrellas con nombre propio va aumentando en el
firmamento.
Hace poco surgió una nueva
estrella llamada Joserra y nosotros
nos quedamos sin la tranquila presencia de mi cuñado. Mi hermana ha estado
sumergida en los ritos propios de la muerte de un ser querido. Funeral,
entierro, condolencias, abrazos, recuerdos…
Hemos decidido transcribir
un listado de frases, al más puro estilo Carandell, entresacadas de lo que
hemos oído en estos días.
Hubo quien, al conocer la
noticia por boca de mi hermana, le dijo mirándole fijamente:
-Vaya disgusto que me das.
No me lo puedo ni creer. ¡Desde luego! ¡Me has dejado hecho polvo!
-Oye, ¿qué relación tienes
con la que apareció en una esquela el otro día?
Hay quien se apena más que
la propia interesada y se queda mirando a mi hermana como esperando que sea
ella la que le consuele: “¡Qué pena, verdad, qué triste! ¡Era tan joven!”
Dentro del apartado de
recomendaciones para superar el duelo se dieron también varios tipos:
a)
Aquellos que
le hablan de los beneficios de la ayuda profesional y poco menos que le
acompañan a la puerta del psicólogo.
b)
Alguna le
sugirió “ni se te ocurra dejar de beber
tus cervecitas” incitándole a buscar consuelo en la bebida.
c)
Una mujer ya
mayor lo solucionó drásticamente con un “¡Búscate a otro!”
Hubo más. Son días de
acercamientos, confidencias, abrazos y besos. Mi hermana acabó con urticaria en
una mejilla, no sabemos si por la falta de afeitado de algunos hombres o el
efecto alérgico de algún perfume.
Sabemos que todo ha sido
con la mejor intención, mi hermana lo agradece. Pero estos días de tristeza y
de ausencia nos permitimos reír recordando las pequeñas humanidades de los que
nos acompañan.