sábado, 4 de febrero de 2012

Solo el amor 2

Hola Lena:
Te escribo desde otra isla. Vine para juntarme con unos amigo y, la verdad, la reunión fue muy interesante y fructífera.
Hoy he estado dándole vueltas a aspectos que conversamos ayer.
Por ejemplo, comentamos que somos un continuo de energía, de partículas, sin limites precisos. Esta realidad no la percibimos. Cuando esas partículas se amontonan, la energía se hace más densa, percibimos la materia.
Algo parecido creo yo que sucede en las relaciones. percibimos el poder, cuando las "partículas relacionales" se intensifican, se hacen más densas.
pero el amor son justamente las partículas fluyendo libres, más difícil de apreciar, pero el componente más habitual en nuestras relaciones, la salsa del guiso, el líquido de la sopa, lo que impregna todo.
Hoy, recordando la reunión de ayer he visto nuestros límites, nuestras torpezas.
Mi manera de expresarme, contundente, algo brusca, apasionada; en realidad soy como un caracolillo marino que sale de su concha y monta un espectáculo de ferocidad para aparentar ser más fuerte y que no le devoren.
La manera de expresarse de otra amiga, como diciendo, ¡quiéreme! ¡quíéreme!
veo esas torpezas y veo el impulso a expresarse, a comunicar, a pesar de tanto miedo y tanto condicionamiento. Veo la grandeza del ser humano. Ese ser de piel desnuda, temeroso de ser lastimado y capaz de generar la salsa, el líquido, el amor; aquello que no se ve pero que nos envuelve.
Quizás no parece tan potente y con tanta capacidad de cambio como el poder, pero es absolutamente transformador, la piedra filosofal que convierte en oro el barro de nuestros límites.