"Paz a los hombres de mala voluntad y que se ponga fin a toda venganza y a toda exigencia de castigo y sanción. Las crueldades cometidas superan toda medida; están más allá de toda capacidad humana de comprensión, y los mártires son innumerables. Por eso, oh Dios, no pongas en la balanza de la justicia sus sufrimientos, para cargarlos a la cuenta de sus verdugos, sino retribúyelo de otra forma.
Cuenta más bien a favor de los verdugos y los delatores y los traidores todo el valor y la fuerza anímica de los otros, su anonadamiento, su elevada dignidad, su callado empeño en todo, la esperanza que no se dio por vencida, y la valerosa sonrisa que hizo olvidar las lágrimas, y todos los sacrificios, todo el ardiente amor, todos los lacerados y atormentados corazones que, no obstante, permanecieron siempre fuertes y confiados frente a la muerte y con la muerte. Que todo eso, Dios mío, cuente ante ti como rescate para redención de la culpa, para una resurrección de la justicia -que lo que cuente sea lo bueno y no lo malo. Y, en la memoria de nuestros enemigos, que no sigamos siendo sus víctimas, que no seamos ya su pesadilla, su terror nocturno, sino más bien su ayuda para que abandonen su locura...
Solo esto se espera de ellos -y que nosotros, cuando todo haya pasado, podamos volver a vivir como hombres entre los hombres, y que en esta pobre tierra venga de nuevo la paz a los hombres de buena voluntad, y que venga también la paz a todos los otros."
(Atribuida al rabino Leo Baeck, compuesta en 1946 y extraída del libro de Viktor Frankl y Pinchas Lapide Búsqueda de Dios y sentido de la vida Ed. Herder)
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